sábado, 4 de febrero de 2012

Fuego de los querubines

¡Oh Santo Fuego!

Fuego angélico

Fuego de los querubines

Fuego de las puertas del Eden

Fuego de la zarza ardiente

Fuego del carro radiante

Fuego que guarda

Fuego purgatorio

Fuego que limpia

Fuego que prepara

Fuego que ciega

Fuego que deslumbra

Fuego que mata

Fuego que da vida

Fuego temerario

Fuego que interpela

Fuego tremendo

Fuego glorioso

Fuego de la perdición

Fuego de liberación

Fuego de salvación

Fuego vitalísimo y tremendísimo

del Santo Temor de Dios.



Expulsión del Edén, vitral en el ala sur de la Catedral de Ely, Cambridgeshire, Inglaterra, foto de Lawrence Lew, O.P.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Kouyoudo (El camino del Kouyou)

Tan maravilloso es el poder transformador de la virtud, de la ternura y la grandeza, que hasta las más viles formas de muerte se revisten de sublimidad y devienen símbolos de una vida nueva.
 
Inazo Nitobe, Bushido. El camino del guerrero.
 
 
Bajo el dosel dorado
sostenido por robustos pilares de ginkgos,
destilando delicados recuerdos
Daisetsu dejaba deslizar
los dodecaedros dados de la memoria:
ocho veces
ocho dados
sesenta y cuatro dados decantaron en su octava cara;
el Shinpū como fresca brisa en el dojo del Kouyou,
más que un sugoroku mental
abanicos de la conciencia
entonan una delicada melodía al son del viento.
En seiza Daisetsu desenvaina
con la disciplina ceremoniosa del sadō.
Sublime vuelo de una hoja en la arboleda.

C. A. Novadomus

De http://www.kirainet.com/ginkgo-biloba/

domingo, 30 de octubre de 2011

Seiza (poema breve)


Me siento sobre mí,
recogida mi alma,
canta callada,
en el murmullo que la delata.


C. A. Novadomus

miércoles, 26 de octubre de 2011

Mascarita

André Bretón, Máscara Africana, 1948
Mascarita

Máscara del coche subterráneo
custodia y cómplice
testigo fiel del ritmo del tiempo
que pasa a sus espaldas y la mueve,
marcado por una ida y una vuelta
de ese mundo, su vida
¿qué habrá detrás de la fría mirada
de metal y sarcasmo?
Me mira, quisiera apartar el rostro trágico-cómico
¿Qué espera de mí
mamarracho del sino?
Me mira, llamando al demiurgo que lo libere,
que le trace dentro una grácil luna argéntea
para que se contemple en sí mismo;
un espejo que le revele una identidad;
un charco debajo de la autopista,
agua sacramental del poeta,
para ser bautizo;
y ojos de gato que lo despierten a otra vida.
Y siempre las palomas,
y siempre el alimento,
y esa pila de descarte del ciclo del pragmatismo,
frente a la sagaz sobriedad de los ojos
en los que contuve a la relente mascarita.

C. A. Novadomus